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Crece la pobreza y se refleja en las calles

Agrupaciones solidarias reconocen que en un año incrementaron en un 55% los platos con comida que reparten por las noches en el centro de San Miguel de Tucumán ¿Cómo se puede ayudar?

EL CHAQUEÑO. José Luis cuenta que está enfermo de los riñones, que se escapó de un hospital y que ahora duerme en la calle. LA GACETA / FOTOS DE FRANCO VERA.-

“Soy chaqueño. Estaba en el Centro de Salud porque me tenían que operar de los riñones. Me fui. Hace una semana que camino por acá. Estoy mal. Hoy me quise matar. Me quería tirar del puente”.
Es la madrugada de un martes y ha comenzado a llover finito en la zona de la plazoleta Mitre. José Luis, “el chaqueño”, acepta la vianda de arroz con pollo que le ofrecen los integrantes del grupo Alas Solidarias. Cuenta que quiere morir. Habla rápido y vuelve a repetir todo. Hoy dormirá de nuevo en algún zaguán de esa zona, que desde hace tiempo es como un pequeño “barrio” para los que no tienen techo. Cada vez hay más hombres y mujeres allí. A esa hora sólo se les ven los pies, que sobresalen de las frazadas grises… hasta que los voluntarios les preguntan “¿querés comer?”.
Quienes se encargan de repartir alimento por las noches -un puñado de grupos que se dividieron los días de la semana para tratar de cubrir a diario esa necesidad fundamental- aseguran que el número de personas en esa situación se ha incrementado notablemente durante este último año. Precisan que esto se debe a dos motivos. Por un lado, cerraron dos albergues: el del municipio, que funcionaba bajo las tribunas del ex autódromo del parque 9 de Julio, y el que estaba ubicado frente a la plaza Independencia (24 de Septiembre al 400). Por el otro, la situación económica del país, que pega duro con la inflación. El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) arrojó que la pobreza, medida a partir de diferentes derechos sociales, aumentó entre 2017 y 2018 de un 26,6% a un 31,3% en la Argentina. Hoy existen 12,7 millones de personas con carencias importantes para su vida. Eso se nota en las calles del gran conglomerado tucumano.

EL MENÚ. La noche del 29 de abril cocinaron arroz con pollo; al pan lo donaron una pareja y ancianas y empleadas del Hogar San Roque.

“Actualmente estamos sirviendo unas 145 viandas por noche. El año pasado en esta época del año llegábamos a 80. Es muy difícil seguir al incrementarse tan de golpe el número de personas y por cómo está la economía. Nosotros compramos todo o cocinamos con donaciones para poder llegar. Pero está difícil”, comenta Noemí “Nuny” Córdoba Ontivero, fundadora, en 2012, de “Alas Solidarias”. Las rondas comenzaron en 2013, con 15 platos de comida por noche. En 2015 abrieron el merendero de Warnes al 500, al cual asisten 40 a 60 chicos.
Debido a la situación, ahora invitan a la gente a cocinar en familia las porciones que puedan, y ellos las retiran luego para repartirlas por la ciudad. Siempre se aseguran de que esos alimentos hayan sido elaborados de manera higiénica. También necesitan donaciones: de mercadería en general, de carnes, de descartables (bandejas, vasos, servilletas), de ropa y de calzado en buen estado, de frazadas, de guantes, de gorros. Además, convocan a voluntarios, que cuenten o no con movilidad.
Lugares prohibidos
“Manzur decís que cuidás a los niños y a los jubilados ¿Y a los que están en situación de calle? No tenemos ni voz ni voto. Ahora nos corren de la calle para que no se vea la realidad”, dice Daniel, en un video filmado por “Alas Solidarias” el lunes a la noche. Luego, detalla que tiene reuma, asma, EPOC y artrosis, y que lo sacaron como rata del Centro de Salud, donde por las noches permanece desde hace tiempo.
Voceros de la agrupación confirmaron esta situación y contaron que muchos se quedaron cerca del hospital para recibir el plato de comida. Sin embargo, les preocupan otras personas a las que perdieron de vista. Por su parte, funcionarios del Ministerio de Salud aclararon que no se dio ninguna orden de “desalojar” los pasillos de los hospitales y que, de hecho, aceptan la permanencia de personas en situación de calle, como de familiares de pacientes.
Los hospitales de la ciudad, los bancos, los zaguanes, la terminal de ómnibus, el parque 9 de Julio, las plazas, el predio ferial (durante el día), los autos abandonados o cualquier vidriera de comercio son los sitios habituales donde duermen las personas que no tienen hogar. “Vemos de todo: adultos mayores generalmente. Este año hay muchas mujeres durmiendo en la calle. La mayoría de ellas antes podía alquilarse una pensión. Pero aumentó el alquiler y las terminaron corriendo”, cuenta Aidina Contreras, integrante del grupo “Ronda amiga”, que cada domingo asiste con alimentos, con medicamentos y con ropa a quienes viven en la calle.
El número de porciones de comida que este grupo entrega también aumentó: en un año pasaron de 50 a 80. En su recorrido se encuentran con historias como la de los hermanos Luis y Daniel, que de noche duermen en la entrada de la Escuela 9 de Julio y de día cuidan coches frente a la plaza Urquiza. O la del anciano de 84 años, que se cobija en la terminal de ómnibus porque en varios hogares de ancianos no lo aceptaron debido a que padece incontinencia urinaria. O la de una mujer que escapa de su hogar para huir de la violencia que ejerce sobre ella su marido.
“Ronda amiga” necesita donaciones de alimentos (arroz, fideos, harina, polenta, aceite, puré de tomates, caldos, carne molida, pollo y salchichas). “Algunas personas creen que las donaciones tienen que ser grandes. Y no. Con un kilo de arroz sacamos 12 porciones. Ahora que se viene el frío pedimos también, a quien quiera ayudar, frazadas y calzado para adultos”, añade Aidina.

ELBA Y DANIEL. La mujer, de unos 80 años, vive en una habitación con su hijo que tiene una discapacidad madurativa.

La herencia para su hijo
Daniel vomita sin parar en el momento en que Roxana Vargas, de “Alas Solidarias”, intenta ingresar a la precaria habitación cerca de las vías donde el muchacho que hoy está enfermo vive con su madre, Elba. El descenso por ese camino se hace difícil: está resbaloso, oscuro. Después, él cuenta que una vecina le dio comida podrida y que por eso no puede parar de devolver. Por más que tenga hogar, el grupo solidario le acerca comida a esta familia, que se encuentra en total estado de vulnerabilidad.
Roxana despierta a Elba. Debe comer porque está flaquita. La mujer, de más de 80 años, saluda a todos los presentes. Le pide a su “nieta postiza”, que hoy y casi todos los días le lleva comida, que la peine. Es que hay nuevas visitas: un fotógrafo y una periodista. En esa pequeña habitación que es su mundo hay un par de bolsas de súper con ropa colgadas en las paredes, a las que las cruzan telas de araña. En una mesita hay medicamentos, una leche abierta y cucarachas que lo recorren todo. Saben que ese techo es mejor que nada. Igual sueñan con una casita, para que cuando Elba se vaya para siempre, Daniel no tenga que dormir en la calle como ya muchos -y cada vez más- lo tienen que hacer.
> En el Estado hay preocupación por la seguridad alimentaria
Funcionarios del Ministerio de Desarrollo Social reconocieron que hay un aumento de personas en situación de calle y que en la parte alimentaria están desbordados. “Tenemos recursos finitos. Estamos preocupados con los costos, el desabastecimiento. Esto afecta a hogares, donde hemos tenido muchos ingresos, y a todos. Es complicado el panorama”, comentó Ana Carrera, subsecretaria de Niñez, Adolescencia y Familia del mencionado ministerio. “La situación de calle es compleja y heterogénea. Nosotros tratamos de revincularlos con la familia, pero algunos de ellos vienen con 40 a 50 años con temas de alcoholismo. Tienen vínculos deteriorados. Después, hay más gente pidiendo en la calle: ahí entran en riesgo los niños y adolescentes. Hay casos hasta judicializados. O hay personas que vienen viajando y se quedan en la provincia. También notamos personas a las que no les alcanza para el alquiler. En muchos casos pagamos su alojamiento en pensiones. La cuestión habitacional está eclosionando”, detalló Carrera. Sobre ese tema, añadió que el hecho de que la Municipalidad no haya reabierto el albergue y que se haya cerrado otro hace unas semanas ha complejizado la situación de Tucumán. Con el programa Abrigar, que llevó a cabo el Ministerio de Desarrollo durante 2017 y 2018, y que tiene como objetivo intensificar el acompañamiento y ofrecer alternativas a las personas en situación de calle durante el invierno, asistieron a unas 150 personas el invierno pasado (“no todas en situación de calle”). De ese número, el 90% es hombre. Si encuentran personas durmiendo en la calle, pueden llamar al teléfono gratuito 102 (de la Subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia), de lunes a viernes, hasta las 20. También al 103 (Defensa Civil) y al 911 (Policía). (La Gaceta)

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